Suena Habib Kanté en mis cascos. Ritmos de África. Ayer abracé a madres, y a hermanos, y a sobrinos que no olvidan a los que desde un día dejaron de estar. Sencillamente no están. Se marcharon. Dicen que sus cuerpos están en las trochas, en los cementerios municipales, en los ríos, en el vientre de la tierra, en las fosas comunes, pero lo cierto es que no están. Si nadie les pone nombre no están. Si nadie muestra sus restos no están. Y no hablo de Colombia, hablo de Rwanda, de México, de Guatemala, de España, de Sudáfrica, Argentina...mientras haya un Estado que no reconozca a las víctimas de un conflicto habrá madres, padres, hermanos reivindicando la dignidad de estas personas.
En Colombia estos cuerpos que contaminaron ríos y depósitos de agua, estos que se amontonaron en las cunetas, y se enterraron como NN en cementerios municipales, fueron la consecuencia directa del ejercicio del poder de los paramilitares y las Fuerzas Armadas que compensaban con pagas y beneficios la baja de guerrilleros. Estos cuerpos que tuvieron familia, hijos, hermanos, madres, son la consecuencia directa de los falsos positivos. E incluso aquellos/as que cayeron en combate tenían derecho a su identifiacción. Porque yo te nombro, tú eres.
Dicen que las sociedades tienen derecho a la memoria, pero ¿qué memoria si estos desparecidos no son nombrados?
Cada uno de estos números (dados por la Fiscalía de la Nación) es una vida, son 20.453 cadáveres sin identificar
enterrados en cientos de cementerios municipales a lo largo y ancho del
territorio nacional.
No se puede recuperar la memoria sin dignificar antes a la víctima.
(11 de julio de 2015. 20 años de la masacre de Sbrenica. 8.000 musulmanes asesinados por las fuerzas serbobosnias. 93 fosas comunes. 6.500 personas sin identificar. De esto es lo de que hablo. No importa el lugar.)
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