Me pedías que escribiera sobre lo que vivo y apenas puedo. No sé si describir las trochas infernales que maltratan mis muslos y mis riñones, hablarte de la luz que casi nunca cambia, o de soles gigantes que tardean sobre la inmensa cordillera. Hay ríos que ya se han secado por la tala indiscriminada. Hay pueblos abandonados. Hay pools en lugares donde apenas llega el agua. No consigo encontrar la belleza del paisaje, ni de la vida aquí. Sí, ya sé, me falta el mar.
Me hace feliz, sin embargo, los discursos sobre constituyentes, justicia social, sustitución de cultivos ilícitos, me hace feliz reconocer la juntas de acción comunal, los peajes de la comunidad, pero miro alrededor y pienso que no es el lugar en el que quiero criar a mis hijos, de haberlos tenido. Entonces me doy cuenta que para ellos tampoco, y en esa transformación están.
No puedo olvidar la violencia, ni la guerra que se respira en cada memoria, es difícil mirar este espacio amarillo Catatumbo desde otro lugar. Todos los discursos, todas las transformaciones que se propoponen, desde el campesinado o desde el Gobierno tiene que ver con este discurso. Es complicado abstraerse en un futuro de Paz cuando el conflicto es lo que dio origen a lo que hoy es el Catatumbo.
No puedo escribirte más, pero voy a seguir mirando y estando acá.
No hay comentarios:
Publicar un comentario